Mateo 5:1-5
En la clase de hoy hablaremos de la felicidad que produce la humildad y la mansedumbre delante de Dios. Para recibir toda la herencia que tenemos para nosotros, es necesario imitar el espíritu manso de Jesús. Cuando nos entregamos completamente, es allí donde Dios puede darnos cada día más de su presencia y su descanso.
¿Cómo ser verdaderamente manso?
Para vivir la mansedumbre, es necesario elegir someterse por amor. A pesar de tener toda la libertad de decidir y la naturaleza que se inclina a rebelarse, ser manso significa ponerlo a Dios en primer lugar. Es someter el carácter a su presencia. Tal como un caballo lo hace a su jinete. Aunque tiene toda la fuerza de decidir el camino, elige obedecer. Claro está, dejando las mañas de lado. La esencia de la rendición es dejar que Dios sea el Señor.
Esto es justamente lo que le sucedió a Jacob. Desde su nacimiento (Génesis 25:25-21-26), su madre había decidido llamarlo Jacob, lo cual significa “engañador, tramposo”. Desde niño tenía esa tendencia a engañar y a resolver los conflictos en base a su propia astucia y experiencia. Esa fue justamente la conducta que lo acompañó a lo largo de su vida. Hasta que se encontró con Dios.
Cómo alcanzar el propósito de Dios en nuestras vidas
Este es el proceso espiritual que el Señor produce en nosotros. Es lo que nos lleva a ser personas totalmente diferentes. Pero para llegar a eso, a veces, Dios permite situaciones donde nos podemos sentir frustrados o heridos pero que forma parte de un plan de renovación y crecimiento profundos. Es el caso de quienes se sienten que viven de derrota en derrota, de rechazo en rechazo y de desilusión en desilusión.
Este fue el caso de Jacob. A continuación veremos cuales fueron las 5 etapas que transformaron su vida para siempre, llegando a ser lo que Dios soñó con él (Génesis 25:23). Entonces, para poder alcanzar el propósito de Dios en nuestras vidas, vamos a pasar:
1) La etapa del conflicto. Es allí donde nos podremos sentir heridos, rechazados y solos. Es cuando uno siente que nadie entiende el problema y buscamos resolverlo según nuestras fuerzas. Es cuando oramos pero terminamos por utilizar la propia defensa, la cual no nos lleva a ninguna solución. Jacob vivía de conflicto en conflicto, comenzó con problemas con su hermano Esaú, luego buscó robarle la primogenitura, luego con su suegro que le mentía y también con sus cuñados que lo envidiaban por su riqueza. Todos tenían problemas con él ¿o era al revés?
2) La etapa de la lucha. Es allí donde se encontró solo. Donde pudo recapacitar acerca de los conflictos en su vida. Jacob era un hombre rechazado por todos, sin embargo, buscó salir de esa situación. En lugar de culpar a otros por ese rechazo y armar una lista de gente que lo había herido, peleó con el ángel para que su vida recibiera la bendición (Génesis 32:22-28). No se quedó como estaba, no agrandó la herida, sino que luchó por la transformación.
3) La etapa del compromiso. Jacob era escurridizo, sin embargo no soltó al ángel, sino que le dijo: “No te dejará si no me bendices”. Había huido de Esaú, había huido de Labán (su suegro), pero no estaba huyendo del cambio. El ángel le descoyuntó el muslo, uno de los músculos más fuertes del cuerpo. Es como mostrarle que su experiencia no era suficiente, que su capacidad ya no lo podía librar de su condición. Jacob decidió aferrarse a Dios y no huir más de su voluntad. Hoy hay muchos que en lugar de recibir la Palabra a tiempo, solo aflojan cuando ya están demasiado heridos, cuando ya han perdido lo que más amaban. Muchos prefieren desoír la voz de Dios que torcer la propia voluntad y al venir los problemas, también viene la confusión. Esta lección es justamente “preventiva” para que no sufras más de lo que debieras, sino que te tomes de la mano de tu Creador y te comprometas con lo que te va a hacer verdaderamente feliz. Hoy es el momento de humillarse delante de Dios y entregarlo todo.
4) La etapa de la confesión. El ángel le preguntó a Jacob cuál era su nombre (Génesis 32:27). ¿Por qué hizo eso? Porque Jacob debía confesar su realidad. Él debía enfrentarse con su condición y declararlo para ser libre. El comienzo de la transformación es cuando uno reconoce quien es. Es allí donde podemos entender y valorar el cambio. Esto refleja mansedumbre, entrega. El orgulloso ve el error en los demás, pero no admite lo propio. Siempre está en conflicto con todos, pero el cambio nunca llega. Hoy es tiempo de animarse a ser sinceros y hablar de lo que nos lastima de nosotros mismos. Confesarle a Dios lo que otros no ven, o no nos animamos a demostrar. No te quedes con tu antigua forma de ser, despójate de todo lo que te limita, puesto que Dios, con sus brazos de amor ¡está dispuesto a perdonarte y transformar tu vida!
5) La etapa de la conversión. En esa época, los padres decidían el destino de sus hijos a través del nombre. Podían bendecirlos o maldecirlos, como en el caso de Jabes o Jacob. Llamarse “tramposo” no era un buen augurio. Sin embargo, él se animó a enfrentar sus conflictos, buscar con todo su ser el cambio y tener la humildad de confesar su realidad. Y Dios cambió su nombre en Israel, que significa “príncipe de Dios”. Aunque hoy sientas que tu nombre es “fracasado”, Dios está viendo en ti al príncipe! Aunque hoy te sientas “abandonada”, Dios te llama princesa! Dios te ama tal como eres y es por eso que está propiciando tu transformación. Aunque todavía veas muchos errores, Él está viendo la obra culminada!
Tu verdadero conflicto no es con tu esposo, con tu familia, con tu jefe o con tus hermanos en Cristo. Esto es solamente el síntoma de lo que hay en tu corazón. Mientras sigas buscando los errores en los demás, la etapa del conflicto no se habrá terminado, sino todo lo contrario. Para salir del desierto, para llegar a la transformación y a la felicidad, tenemos que darle lugar a la mansedumbre y rendirnos delante de Dios.
Aunque no lo notes, si te aferras a tu Padre Celestial, el cambio está en progreso. No te llames más “derrotado” sino deja que Dios te cambie de nombre y te muestre el verdadero camino a la victoria!
Jacob nunca más volvió a ser el tramposo que acostumbraba a ser. Su historia cambió y de él salieron las tribus de Israel que conquistaron la tierra prometida. ¡Hay mucho propósito en tu vida! No te quedes a mitad de camino, no te acostumbres a la queja, sino busca la presencia del Espíritu Santo e imita el ejemplo de Jesús.
Hoy es tu dia para que a través de los conflictos, puedas dejar que Dios haga su obra y cambie tu mal carácter. Solo hay que mantenerse en fe, aferrándose a la mano de Jesús y confesar con un corazón arrepentido delante de Dios.
¡¡Dios tiene un gran plan con tu vida!! No veas lo momentáneo. Hay una nueva oportunidad para ti. Dios quiere una sanidad total y una transformación sin límites!
Preguntas de reflexión:
- Cuando te hieren ¿eres verdaderamente manso?
- ¿Buscas enfrentar tus conflictos a la manera de Dios o lo resuelves tal cual te parece?
- ¿Sientes que los problemas nunca se terminan?
- ¿Cuál fue el secreto de la transformación de Jacob?
Año 2011
Iglesia Evangélica Pentecostal y Misionera
Pastores Walter y Lidia Larroza

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