Texto: Lucas 8:5-8; Lucas 8:11-15
La lección de hoy tiene que ver con reflexionar acerca de cómo estamos llevando nuestra vida y cuál es nuestra actitud con respecto al mensaje de Dios. Estamos bajo la gracia, el perdón y la protección de nuestro Padre Celestial. Es por eso, que más que nunca, podemos disfrutar de una vida en plenitud. Para ello, tendremos que cuidarnos diariamente y despojarnos de todo lo dañino que hemos estado guardando del pasado.
Dios ha dispuesto grandes proyectos para cada uno de nosotros. Y a medida que va pasando el tiempo, debemos procurar utilizar tanto lo bueno, como también lo malo, para seguir creciendo y lograr alcanzar esos planes.
Hoy hablaremos acerca de la parábola del sembrador. Un mensaje de Jesús llevando algo natural a una profunda revelación espiritual. Aquí encontraremos la clave para ser encendidos y prepararnos para lo que se viene.
De acuerdo a Romanos 2:11, Dios no hace diferencia entre sus hijos. Por lo cual, todo el que disponga su corazón a recibir y a creer lo que el Señor tiene para darnos, será bendecido de forma incalculable.
¿Ciudadanos de Capernaúm o de Nazareth?
Tal como vimos en la clase pasada, en Mateo 9:1 vemos que Jesús sentía que Capernaúm era “su ciudad”. ¿Por qué? Porque era allí donde encontraba los corazones más dispuestos a escuchar el mensaje de Dios y a recibirlo. Aunque, hasta hoy, es solo una comunidad de pescadores, fue justamente allí donde más milagros se soltaron.
No así en Nazareth, donde veían a Jesús como el “hijo de José, el carpintero”. Solo percibían su humanidad y no alcanzaban a disfrutar del mensaje; por lo tanto, se quedaban sin la mejor parte.
Hoy, muchos experimentan con gozo el ser seguidores de Cristo y se asemejan a quienes lo disfrutaron también en Capernaúm. Mientras que otros, continúan desconfiando, viendo al hombre en lugar de abrir su corazón al mensaje de Dios, tal como en los tiempos de Nazareth. Son quienes ven el lado negativo de todo y de todos y se la pasan criticando.
La misión del enemigo, tal como se relata en esta parábola, es justamente, llevarse la palabra de fe que es sembrada en los cultos o en los grupos y reemplazarla por la queja y la incredulidad.
¿Cómo llega una persona a ser como un nativo de Nazareth? La dureza del corazón proviene de varios factores, entre ellos los siguientes:
- El temor. Es el resultado de haber sufrido heridas y maltrato. Esto provoca miedo a dejar lo conocido para evitar más dolor. Es también el temor a ser religioso y dejar de ser aceptado por los demás o a volver a confiar en algo que no sea duradero.
- El orgullo. Esto es lo peor en lo que puede incurrir un cristiano, puesto que es lo que justamente Dios evita (1 Pedro 5:5). El Señor resiste a los soberbios. Es cuando uno muestra satisfacción, plenitud, control, mientras que por dentro se siente vacío y frustrado. Aunque sabe que tiene cosas por resolver, decide manejarlo todo por su cuenta y no pedir ayuda.
- La amargura. Son los pequeños enojos que han dejado su huella y hoy el dolor se ha estancado en el corazón. Puede resultar en resentimiento para con la familia, con las personas o con Dios.
La Palabra del Señor que escuchamos aquí en el grupo o también en las prédicas de las reuniones, son las semillas que pueden transformar nuestra vida. El Sembrador, es el mismo Dios que es quien busca nuestro crecimiento espiritual. Y la tierra es nuestro corazón y la actitud con la que respondemos al mensaje del Creador.
En esta parábola, vemos cuatro tipos de corazones:
1. Corazones desprotegidos (v5 y v12). Son quienes escuchan pero al no defenderse del enemigo, esa palabra de fe es arrebatada y en su lugar es depositada la incredulidad. Son quienes no entienden bien el mensaje y se desvían.
2. Corazones impulsivos (v6 y v13). Son aquellos que reciben con euforia las buenas noticias de la salvación, pero que ni bien sufren el primer disgusto, cambian de parecer y retroceden.
3. Corazones preocupados o tentados por el mundo (v7 y v14). Son quienes escuchan pero la ansiedad o los problemas tapan lo que Dios quiere mostrarles. Como así también, son aquellos que prefieren divertirse en cuestiones momentáneas antes que buscar la verdadera felicidad.
4. Corazones receptivos (v8 y v15). Estos son los que reciben y dejan que la Palabra de Dios vaya transformando el temor en confianza, el orgullo en humildad y autoridad espiritual.
El permitir que Dios avance en nuestra vida, provoca frutos de bienestar y felicidad. Aunque las luchas vengan, si tenemos la actitud correcta, podremos salir victoriosos de cada una de ellas. Este no es momento para bajar los brazos y dejar de luchar, sino de prepararse para lo que Dios está por hacer.
Como oír el mensaje de Dios
Para oír atentamente la voz de Dios, no es necesario escucharlo en lo natural, con sonidos audibles, sino más bien, tomar un tiempo de calma y reflexión para leer la Palabra y meditar en ella. Es necesario prepararnos a recibirla y responder con una actitud de humildad, sinceridad y obediencia.
Es el deseo de Dios, el ministrar nuestro corazón. Pero, ¿qué podemos hacer para permitirle hacerlo? Para acceder a ser transformados por el Espíritu Santo deberíamos realizar las siguientes 4 cosas:
- Cultivar un corazón limpio. Estar deseosos de aprender, reconocer las faltas y buscar el cambio.
- Tener una actitud dispuesta y buscar el momento para que Dios hable.
- Eliminar toda distracción. Es estar atento y con tiempo para provocar el encuentro con su Espíritu Santo.
- Cooperar cuando el Señor habla. Es responder con obediencia y fe a lo que Dios nos enseña.
Sin duda, el guardar la mente y el corazón, buscando la guía del Señor, nos traerá un gozo y un crecimiento sin igual. Cabe destacar también, que cuando somos sensibilizados y nos proponemos abrir el alma a nuestro Creador, también tenemos que atender a nuestra defensa y guardarnos de todos aquellos que no tengan la mejor actitud para con nosotros. Evita las conversaciones de crítica o las que puedan dañarte otra vez. Y que lo que Dios te entregue cada día, continúe creciendo al ciento por uno.
Que las preocupaciones de este mundo no opaquen las promesas que Dios te ha hecho. Busca siempre seguir aprendiendo y también procura la mano de aquellos que Dios ha puesto para edificarte. ¡Este es un tiempo de bendición sin medida! La verdad nos trae libertad y nos renueva profundamente.
Preguntas de reflexión:
¿Tu corazón hoy está como Capernaúm o como Nazareth?
¿Crees que Dios tiene bendición para ti? ¿Cómo acceder a ella?
¿Cómo son tus momentos a solas con Dios?

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