Texto: 2 Crónicas 7:14
Es importante cuestionarnos ¿Por qué somos una iglesia bendecida? Simplemente porque estamos iluminando a la sociedad, somos luz. Nuestra iglesia está basada en la Palabra de Dios y en sus caminos, esto nos hace vivir dentro de Su voluntad.
También tenemos una identidad, un ADN como iglesia local.
Somos una iglesia bendecida porque cada vez que abrimos la reunión, le damos la bienvenida al Espíritu Santo de Dios. Y sabemos que esta no es nuestra reunión, sino que es una reunión para Dios.
Asimismo, somos una iglesia bendecida porque todo lo que sucede en esta congregación es motivo de honra para el Señor. Sólo a Cristo le damos toda la gloria!
Sin embargo, siendo una iglesia bendecida, Dios nos desafía a ir mucho más allá.
Vemos en este pasaje que el Señor le habla a su pueblo acerca de la humildad, el arrepentimiento y el buscar el rostro de Dios con pasión. Si vemos un poco el contexto de este pasaje, leemos que en el capítulo 7:1 se relata la dedicación del primer templo. Este fue inaugurado por el rey Salomón. Era un templo lleno de majestuosidad, llegando a ser una de las maravillas del mundo de aquel entonces. Dice la Escritura, que cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo el cual consumió el holocausto y la gloria de Jehová llenó toda la casa.
Esto quiere decir que se llenó el templo de la presencia de Dios. Ellos vieron la luz y entonces la Shekina saturó la casa, a tal punto, que los sacerdotes y el pueblo se postraron y adoraron a Jehová diciendo: “Porque Él es bueno y para siempre es su misericordia” (versículos 1 al 3).
En el verso 14 podemos observar que Dios los lleva a una dimensión mayor motivándolos a que se unan, que oren y que si se arrepentían de sus malos caminos, entonces Él haría algo que nunca había hecho: no solo iba a bendecir la casa, no solo iba a derramar su gloria dentro del santuario, sino que sanaría la tierra!
Aquí podemos comprender que una iglesia no solamente es bendecida por lo que pasa adentro sino que ahora Dios nos está abriendo la puerta para que entremos a una dimensión mayor diciéndonos que si nos unimos, nos consagramos, si entendemos el estado espiritual de la nación y confesamos los pecados, entonces Él va a hacer algo más!
Es de esta manera como pasamos de ser bendecidos a ser súper bendecidos!
Dios está diciendo que no solo va a bendecir a los que están en la casa, sino que nos va a llevar a un nivel mayor y lo que hoy está dentro del templo, va a impactar la tierra.
¿Cuántas veces, al salir de un tremendo culto llegamos a casa y al ver las noticias decimos: Esto no es lo que quiero para nuestra sociedad? ¿Cómo puede ser que mientras nos gozamos y alegramos dentro de la iglesia, la sociedad esté viviendo un presente tan pero tan distinto? Y hoy el Señor nos dice que hasta ahora el río estuvo dentro de la casa, pero ha llegado el momento donde este mismo río va a salir de la casa y sanará la tierra!
Veamos Ezequiel 47:1-12
¿A qué casa está haciendo referencia el profeta? Ezequiel está hablando de la casa de Dios, la misma que en tiempos de Salomón estaba llena de gloria, ahora él tiene una visión donde ve un río que representa a la vida, a la presencia del Espíritu Santo de Dios. Este río sale por los umbrales de la casa para sanar la tierra. Y es justamente lo mismo que Dios quiere hacer con nuestra nación! El Señor quiere que su río de vida salga del templo y llene tu casa, tu lugar de trabajo, tu barrio, tu provincia y tu nación!
Tal como dice en 2 Crónicas 7:14, esto no es tarea solo de los sacerdotes o del pastor, sino de todo el pueblo de Dios. Si queremos ver sanar la tierra, debemos comenzar a caminar como pueblo de Dios, poniéndonos de acuerdo, humillándonos, orando y veremos como su palabra se cumple.
¿Podrá Dios cambiar a Argentina? ¿Podrá Dios cambiar los corazones de la gente en esta generación? Como dice este mismo versículo: “y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar”. Las aguas salían hacia afuera, nosotros queremos que la gloria, los milagros, las conversiones fluyan como un río entre toda la ciudad de Buenos Aires!
Este río de Dios se hacía cada vez más profundo llegando hasta el mar. Las aguas muertas, al ser tocadas por la bendición de Dios, comenzarían a recibir sanidad. ¡Dios quiere transformar la muerte en vida! Y es por eso que nos está desafiando a ir más allá.
En este pasaje podemos encontrar algunos desafíos:
Nº1- Asumir nuestro compromiso como pueblo de Dios.
Como vimos en 2 Crónicas 7:14 Dios nos ha elegido como su pueblo, Él nos ha comprado por precio. Tenemos el privilegio de tener comunión con Él, por medio del Espíritu Santo y podemos conocer su poder porque Dios se revela a sus hijos. Cada vez que lo invocamos, algo pasa; hay milagros y maravillas en el nombre de Jesús!!
Nº2- Entregarnos totalmente.
Esto significa ser más dependientes de Dios, es decir, ser más humildes. El Señor nos dice que quiere un pueblo que aprenda a reconocer quien es realmente y creer definitivamente que si alguien puede sanar la tierra, ese es solo Él.
Veamos San Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Separado de ti nada puedo hacer”. Muchas veces actuamos como si no necesitáramos nada de nadie, pero la realidad es que sin Él nada podemos hacer. Reconocer esto, nos indica humildad. Sabiendo que solo Él puede cambiar tu casa, tus problemas y tu nación.
Josué, antes de tomar la ciudad de Jericó tuvo un encuentro con Jesús y al verlo se postró ante Él reconociendo que no era en su fuerza sino en la fuerza del Señor. Este gran hombre de batalla, al humillarse ante Dios pudo ver una victoria que era realmente imposible de lograr.
Estamos siendo desafiados a tener más devoción por Dios, a ser más perseverantes. Tal como dijo el apóstol Pablo: “Me extiendo a lo que viene por delante” o como David que en diferentes salmos hablaba de su deleite en buscar el rostro de Dios, así también tenemos que buscar cada día más ese encuentro profundo con Su presencia.
Nº3- Anticiparnos a la respuesta de Dios.
Tenemos que comenzar a declarar por fe que Dios va a sanar la tierra. Si nos disponemos a humillarnos, a mejorar y a buscar con pasión su rostro, dice la Palabra de Dios que nos oirá y sanará la tierra!
Dios quiere soltar su río para que sane la tierra e impacte nuestra nación. Es por eso que te está desafiando a que tengas fe. Que creas y proclames que algo nuevo está comenzando y que va a transformar todo lo que hoy está muerto, porque el Señor tiene vida abundante para que todo lo que hoy está en tinieblas vea gran luz! El río de Dios viene, acepta ahora el desafío y asume que eres elegido para este tiempo y para esta tarea! Es tiempo de entregarte totalmente a Su llamado! Busca más que nunca el rostro del Señor, busca su presencia y Él te oirá desde los cielos y lo que está profetizado comenzará a rugir y a transformar esta tierra!!
Preguntas de reflexión:
1- ¿Cuáles son los tres desafíos que hoy nos hace Dios?
2- Entregarse completamente, ¿significa ser alguien extraño o extremadamente serio?
3- ¿Crees que puedes hacerlo? ¿Quién es tu ayudador para que puedas lograrlo?
4- ¿Te cuesta humillarte ante Dios? ¿Te cuesta unirte al cuerpo de Cristo?
5- Si la respuesta anterior es afirmativa, ¿crees que es tiempo de cambiar esa actitud?
Año 2009
Iglesia Evangélica Pentecostal y Misionera
Pastores Walter y Lidia Larroza
Es importante cuestionarnos ¿Por qué somos una iglesia bendecida? Simplemente porque estamos iluminando a la sociedad, somos luz. Nuestra iglesia está basada en la Palabra de Dios y en sus caminos, esto nos hace vivir dentro de Su voluntad.
También tenemos una identidad, un ADN como iglesia local.
Somos una iglesia bendecida porque cada vez que abrimos la reunión, le damos la bienvenida al Espíritu Santo de Dios. Y sabemos que esta no es nuestra reunión, sino que es una reunión para Dios.
Asimismo, somos una iglesia bendecida porque todo lo que sucede en esta congregación es motivo de honra para el Señor. Sólo a Cristo le damos toda la gloria!
Sin embargo, siendo una iglesia bendecida, Dios nos desafía a ir mucho más allá.
Vemos en este pasaje que el Señor le habla a su pueblo acerca de la humildad, el arrepentimiento y el buscar el rostro de Dios con pasión. Si vemos un poco el contexto de este pasaje, leemos que en el capítulo 7:1 se relata la dedicación del primer templo. Este fue inaugurado por el rey Salomón. Era un templo lleno de majestuosidad, llegando a ser una de las maravillas del mundo de aquel entonces. Dice la Escritura, que cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo el cual consumió el holocausto y la gloria de Jehová llenó toda la casa.
Esto quiere decir que se llenó el templo de la presencia de Dios. Ellos vieron la luz y entonces la Shekina saturó la casa, a tal punto, que los sacerdotes y el pueblo se postraron y adoraron a Jehová diciendo: “Porque Él es bueno y para siempre es su misericordia” (versículos 1 al 3).
En el verso 14 podemos observar que Dios los lleva a una dimensión mayor motivándolos a que se unan, que oren y que si se arrepentían de sus malos caminos, entonces Él haría algo que nunca había hecho: no solo iba a bendecir la casa, no solo iba a derramar su gloria dentro del santuario, sino que sanaría la tierra!
Aquí podemos comprender que una iglesia no solamente es bendecida por lo que pasa adentro sino que ahora Dios nos está abriendo la puerta para que entremos a una dimensión mayor diciéndonos que si nos unimos, nos consagramos, si entendemos el estado espiritual de la nación y confesamos los pecados, entonces Él va a hacer algo más!
Es de esta manera como pasamos de ser bendecidos a ser súper bendecidos!
Dios está diciendo que no solo va a bendecir a los que están en la casa, sino que nos va a llevar a un nivel mayor y lo que hoy está dentro del templo, va a impactar la tierra.
¿Cuántas veces, al salir de un tremendo culto llegamos a casa y al ver las noticias decimos: Esto no es lo que quiero para nuestra sociedad? ¿Cómo puede ser que mientras nos gozamos y alegramos dentro de la iglesia, la sociedad esté viviendo un presente tan pero tan distinto? Y hoy el Señor nos dice que hasta ahora el río estuvo dentro de la casa, pero ha llegado el momento donde este mismo río va a salir de la casa y sanará la tierra!
Veamos Ezequiel 47:1-12
¿A qué casa está haciendo referencia el profeta? Ezequiel está hablando de la casa de Dios, la misma que en tiempos de Salomón estaba llena de gloria, ahora él tiene una visión donde ve un río que representa a la vida, a la presencia del Espíritu Santo de Dios. Este río sale por los umbrales de la casa para sanar la tierra. Y es justamente lo mismo que Dios quiere hacer con nuestra nación! El Señor quiere que su río de vida salga del templo y llene tu casa, tu lugar de trabajo, tu barrio, tu provincia y tu nación!
Tal como dice en 2 Crónicas 7:14, esto no es tarea solo de los sacerdotes o del pastor, sino de todo el pueblo de Dios. Si queremos ver sanar la tierra, debemos comenzar a caminar como pueblo de Dios, poniéndonos de acuerdo, humillándonos, orando y veremos como su palabra se cumple.
¿Podrá Dios cambiar a Argentina? ¿Podrá Dios cambiar los corazones de la gente en esta generación? Como dice este mismo versículo: “y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar”. Las aguas salían hacia afuera, nosotros queremos que la gloria, los milagros, las conversiones fluyan como un río entre toda la ciudad de Buenos Aires!
Este río de Dios se hacía cada vez más profundo llegando hasta el mar. Las aguas muertas, al ser tocadas por la bendición de Dios, comenzarían a recibir sanidad. ¡Dios quiere transformar la muerte en vida! Y es por eso que nos está desafiando a ir más allá.
En este pasaje podemos encontrar algunos desafíos:
Nº1- Asumir nuestro compromiso como pueblo de Dios.
Como vimos en 2 Crónicas 7:14 Dios nos ha elegido como su pueblo, Él nos ha comprado por precio. Tenemos el privilegio de tener comunión con Él, por medio del Espíritu Santo y podemos conocer su poder porque Dios se revela a sus hijos. Cada vez que lo invocamos, algo pasa; hay milagros y maravillas en el nombre de Jesús!!
Nº2- Entregarnos totalmente.
Esto significa ser más dependientes de Dios, es decir, ser más humildes. El Señor nos dice que quiere un pueblo que aprenda a reconocer quien es realmente y creer definitivamente que si alguien puede sanar la tierra, ese es solo Él.
Veamos San Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Separado de ti nada puedo hacer”. Muchas veces actuamos como si no necesitáramos nada de nadie, pero la realidad es que sin Él nada podemos hacer. Reconocer esto, nos indica humildad. Sabiendo que solo Él puede cambiar tu casa, tus problemas y tu nación.
Josué, antes de tomar la ciudad de Jericó tuvo un encuentro con Jesús y al verlo se postró ante Él reconociendo que no era en su fuerza sino en la fuerza del Señor. Este gran hombre de batalla, al humillarse ante Dios pudo ver una victoria que era realmente imposible de lograr.
Estamos siendo desafiados a tener más devoción por Dios, a ser más perseverantes. Tal como dijo el apóstol Pablo: “Me extiendo a lo que viene por delante” o como David que en diferentes salmos hablaba de su deleite en buscar el rostro de Dios, así también tenemos que buscar cada día más ese encuentro profundo con Su presencia.
Nº3- Anticiparnos a la respuesta de Dios.
Tenemos que comenzar a declarar por fe que Dios va a sanar la tierra. Si nos disponemos a humillarnos, a mejorar y a buscar con pasión su rostro, dice la Palabra de Dios que nos oirá y sanará la tierra!
Dios quiere soltar su río para que sane la tierra e impacte nuestra nación. Es por eso que te está desafiando a que tengas fe. Que creas y proclames que algo nuevo está comenzando y que va a transformar todo lo que hoy está muerto, porque el Señor tiene vida abundante para que todo lo que hoy está en tinieblas vea gran luz! El río de Dios viene, acepta ahora el desafío y asume que eres elegido para este tiempo y para esta tarea! Es tiempo de entregarte totalmente a Su llamado! Busca más que nunca el rostro del Señor, busca su presencia y Él te oirá desde los cielos y lo que está profetizado comenzará a rugir y a transformar esta tierra!!
Preguntas de reflexión:
1- ¿Cuáles son los tres desafíos que hoy nos hace Dios?
2- Entregarse completamente, ¿significa ser alguien extraño o extremadamente serio?
3- ¿Crees que puedes hacerlo? ¿Quién es tu ayudador para que puedas lograrlo?
4- ¿Te cuesta humillarte ante Dios? ¿Te cuesta unirte al cuerpo de Cristo?
5- Si la respuesta anterior es afirmativa, ¿crees que es tiempo de cambiar esa actitud?
Año 2009
Iglesia Evangélica Pentecostal y Misionera
Pastores Walter y Lidia Larroza

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