Texto: Salmo 23:6
En la clase de hoy culminaremos la serie de sermones relacionados con el Salmo 23 y “La respuesta de Dios a las preocupaciones del hombre”.
Con respecto a esto, podemos afirmar que el Señor nos ha llamado con la misión de llevar su mensaje, de sanar a los quebrantados de corazón y acercarlos a Dios; y para ello nos está capacitando y nos está llenando de gozo y fortaleza que nos ayudan a atravesar cualquier situación.
Vale la pena recordar que las preocupaciones no solucionan los verdaderos problemas y solo podemos ver cambios cuando le damos lugar a la oración. No podemos preocuparnos si de parte de Dios está el compromiso de darnos su protección. Si depositamos en Él nuestra confianza podremos comprobar que es nuestro pastor que nos ama, nos guía y provee toda real necesidad. Y aunque no estamos ajenos a recibir golpes en la vida, al recibir su unción recibiremos también la sanidad a nuestras heridas.
El aceite que sana el alma
Los pastores llevaban a sus ovejas a pastar a los mejores lugares y también su misión era defenderlas de los depredadores. Pero cuando las heridas no podían evitarse y los insectos venían a traer infecciones, el pastor derramaba su aceite ungiendo esas lesiones y repeliendo insectos molestos.
De igual manera, Dios nos unge el corazón para traer sanidad y ayudarnos a evitar lo que nos debilita. Él nos da el poder que necesitamos para vivir en una sociedad que no le da lugar al Espíritu Santo y nos la fortaleza para seguir siempre adelante.
Y, si bien podemos tener heridas físicas, las más dolorosas son las espirituales. ¿Quién no ha sufrido heridas y desilusiones de personas de las que menos esperábamos recibir? Los momentos que más duelen son aquellos cuando no estamos a la defensiva pues el ataque proviene de seres queridos. Y esto muchas veces detiene nuestro andar, ya sea cuando una palabra o una muy mala actitud nos lastima pues ha venido de un padre o un cónyuge.
Sin embargo, la Palabra de Dios es como un ungüento que sana el corazón resentido. Pero ¿que ocurre cuando el pasado condiciona el presente? ¿Cuando uno no puede romper con el dolor de lo que nos han hecho y de solo recordar los hechos, los recuerdos transforman la cara? Sin duda esto no permite que podamos abrazar las promesas que Dios tiene para cada uno de nosotros.
Y justo para este tema, tenemos el ejemplo de José, quien aproximadamente a los 17 años fue despojado de su familia y fue vendido como esclavo por sus propios hermanos. A lo que luego le siguió una historia de desaciertos y puertas cerradas.
Sin embargo, a pesar de haber sido maltratado por su familia, su jefe, sus compañeros de celda, etc etc decidió que su pasado no condicionaría el futuro y permitió que Dios sanara su corazón. Tal es así que al llegar el tiempo de casarse, tuvo dos hijos de los cuales uno se llamó Manasés que significa: “él me ayuda a olvidar el pasado” o “ya he olvidado el pasado”.
Mientras que el perdón nos libera, nos fortalece y nos hace crecer, el resentimiento perpetúa el dolor que hemos sufrido en el pasado. Es mantener el dolor del pasado en el presente. Sin duda, la voluntad de Dios es que vivas libre del dolor y puedas perdonar.
Dios quiere que tu copa esté rebosando
En el tiempo en el que David escribió este salmo no era época de abundancia. Es más también era señal de bienvenida o despedida en una casa ya que cuando el dueño de casa recibía visitas en su hogar, cuando ya quería que la visita se terminara, le iba sirviendo cada vez menos vino hasta que solo le quedaban gotas en su copa. De esa manera, el invitado entendía que era tiempo de emprender el viaje. Por el contrario, cuando un invitado era muy bien recibido, su copa rebosaba continuamente. Cuando te acercas a la presencia del Señor, Dios llena tu vida de su vino nuevo hasta que tu copa esté rebosando!
Cuando ores y te arrodilles es necesario que se haga realidad este mensaje, que no sientas que estás molestando al Señor, que no te escucha sino que eres muy bienvenido en su presencia! ¡Disfruta de la plenitud que solo Dios puede brindarte!
Ciertamente el bien y la misericordia te seguirán todos los días de tu vida
El salmista vivía confiado y feliz, veamos cuales eran las razones:
1) Sabía que Dios estaba en control de todas sus cosas
2) Tenía una revelación de la misericordia y gracia de su Creador
3) Entendía que su verdadera patria era una promesa, era la vida eterna que desde la vida ya podía disfrutar.
David sabía que el Señor era soberano sobre sus enemigos y sobre sus bendiciones. Podía entrar en la presencia del Señor entendiendo que su morada terrenal era una antesala de lo que iba a ser su vida eterna.
Este gran ejemplo nos permite vencer el temor al futuro, porque Dios tiene lo mejor preparado para el futuro. El salmista dice: Ciertamente el bien es lo que va a pasar.
La vida es una mezcla de situaciones buenas y malas, pero David confiaba en que las buenas eran las que iban a prevalecer. De cualquier circunstancia, Dios hará algo que te sorprenderá y todo terminará bien! Como en el tiempo de José donde Dios tenía un plan de alimentar al pueblo de Israel en tiempo de hambruna, así Dios tiene un plan con tu vida.
La actitud de fe es esperar lo bueno.
La vara del pastor y su cayado nos infundirán aliento. El Salmo 103:13 y Romanos 8:28 nos hablan de esto. Tenemos un padre perfecto que nos alienta desde los cielos.
Su ayuda viene a través de los ángeles, tal como dice en el Salmo 91, que es un ejercito luchando a nuestro favor. Esto lo vemos en 2 Reyes 6 en el ejemplo de Eliseo y Giezi.
¡El espíritu santo esta con nosotros y es poderoso para calmar la tormenta!
Dale lugar a la fe y permítete estar confiado sabiendo que la misericordia de Dios te acompañarán siempre!
¿Que es la misericordia?
En Isaias 60:10-11 El Señor dice que por misericordia te va a transferir abundancia. La misericordia es la gracia que alcanzamos gracias a Cristo. Dios te da lo que necesitas aunque no lo merezcas, esa es la gracia de Dios en acción. Por haber aceptado a Jesús eres beneficiado con los tesoros del Señor. Gracias a Cristo, que ha pagado tu deuda y te ha permitido ser completamente perdonado, es que hoy la misericordia de Dios es real en tu vida.
Lo único que resta por hacer es adorar a Dios y darle gracias por todo lo que nos ha dado (Salmo 103:1-2).
Y cuando pases por un valle de injusticia que no has provocado o por ahí te has metido sin intención, deja que Dios te guíe, como un buen pastor, que unja tu cabeza para sanar tus heridas y confía en que de cada problema Él sacará algo bueno! Eres muy bienvenido en su presencia, tu copa esta rebosando, pues el bien y la misericordia te seguirán todos los días de tu vida!
Preguntas de reflexión:
1) ¿Qué era la unción del pastor? ¿Has dejado tu pasado atrás o todavía está condicionando tu presente?
2) Cuando te encierras a orar, ¿te sientes como el salmista?
3) ¿Tienes confianza en tu futuro?
4) ¿Cómo sientes la misericordia de Dios en tu vida?

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